Cadáver exquisito 1: Domingo a medio día.

Por Hugo Hunter


Era medio día de domingo, el calor era insoportable y en la mesa del abandonado restaurante todo se sentía pegajoso. No habría esperado tanto tiempo si no fuera porque ya había quedado de verme con un viejo amigo que tenía mucho que no veía, sin embargo su impuntualidad ya empezaba a desesperarme; había pedido ya tres bebidas y luego de tomarlas con tanta avidez me encontraba ya un poco mareado así que pensé que lo mejor sería esperar un poco más, después de todo no había mucho más que hacer un domingo al medio día… Hacía poco en realidad desde mi llegada al pueblo desde la gran ciudad, alguien dedicado a las cámaras y micrófonos como yo nunca habría podido encontrar nada en un lugar como este, o al menos eso pensé cuando me marché hace 5 años, pero la vida da muchas vueltas y ahora soy reportero autónomo en este lugar, pude haber aceptado otras ofertas pero supongo que al final simplemente quise regresar a mis orígenes, mi familia… los muy pocos amigos que se quedaron en este lugar, los extrañé aunque nunca me permití admitirlo; supongo que por eso es que acepté ser agente de noticias de mi región, la cual por supuesto no abarca únicamente mi pueblo.

A pesar de que llevaba poco tiempo de haber llegado ya había comenzado a encontrarme con algunos de mis viejos amigos, mientras pensaba en eso él finalmente apareció, de reojo pude verlo en la puerta de entrada preguntando por mí, estaba agitado y lleno de sudor, (y quién no lo estaría luego de andar por las calles con semejante clima), levanté las manos para que pudiera verme y se acercó a mi mesa, se sentó pesadamente sobre la silla algo agitado por el calor, me saludó mientras se abanicaba con el menú que tomó de la mesa y sin que yo siquiera pudiera regresar el saludo me dijo con aires de decisión “he tomado una determinación importante, voy a ser libre…” Hubo un breve silencio de mi parte, no me esperaba ese tipo de charla luego de años de no vernos las caras -¿libre?, ¿acaso no lo eres ya?, ¡Llevo años sin vierte y con esto me recibes, pero claro que lo esperaba de ti, no has cambiado nada!- Ambos reímos mucho, Alex siempre había sido un “bohemio filosófico” por llamarle de alguna manera. Luego de eso tuvimos una tarde agradable, me hacía sentir, de repente, que los años no habían pasado en este rincón del pueblo, como esperando a mi llegada de regreso.


Continuará...
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Autor de la entrada: Hugo Hunter

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